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NOTICIAS Y COMENTARIOS

Otras noticias e intervenciones periodísticas acerca de la polémica, correspondientes al día 22 de Septiembre de 2006, seguida por un análisis del día 21 y un mensaje recibido.

Seguimos expresando que nos gustaría que los amigos y lectores de ATRIVM nos hicieran llegar sus opiniones sobre tema tan importante.

Todavía no hemos oído voces islámicas condenando a los que por cortesía se les llama "islamistas".

LA RAZON - 22 DE SEPTIEMBRE DE 2006

El Papa invita a los embajadores musulmanes a Castelgandolfo

Efe - Ciudad del Vaticano.

Benedicto XVI ha invitado a los embajadores de los países con mayoría musulmana acreditados ante la Santa Sede a una reunión el próximo lunes en Castelgandolfo, la residencia de verano de los papas, informaron fuentes vaticanas.

La invitación ha sido cursada también a autoridades religiosas musulmanas en Italia.

La iniciativa del Vaticano se produce tras la polémica registrada en las últimas semanas por unas palabras pronunciadas por el Pontífice en la universidad alemana de Ratisbona que los mahometanos han considerado ofensivas contra su religión.

El papa Benedicto XVI ha explicado en dos ocasiones que sentía profundamente que sus palabras sobre el islam y Mahoma hayan sido malentendidas y ha reiterado que respeta profundamente a los musulmanes, monoteístas, como los cristianos.

 

AGENCIA EFE - 22 DE SEPTIEMBRE DE 2006

Al Azhar suspende diálogo con el Vaticano por ofender el islam

Al Azhar, la institución religiosa más prestigiosa del mundo islámico ha decidido suspender el diálogo con el Vaticano, en protesta por las declaraciones del Papa, según un responsable citado por el diario egipcio 'Al Misri al Yom'.

Omar al Dib, presidente de la Comisión Permanente para el diálogo entre religiones, formada por representantes del Vaticano y Al Azhar, aseguró que el Papa debe ofrecer 'disculpas explícitas' por sus palabras, consideradas una ofensa contra el islam y Mahoma, para reanudar el diálogo con el Vaticano.

'El diálogo con el Vaticano ha sido suspendido. No habrá contactos entre las dos partes antes de que sea emitida una disculpa oficial del Papa Benedicto XVI por insultar al islam y a su enviado', dijo al Dib, citado por al Misri al Yom.

 

ABC 22 DE SEPTIEMBRE DE 2006

EL DESAFÍO DE LA IRA

Carlos Herrera

Hoy es el día señalado para la ira. Las voces de los almuédanos entonarán la llamada a la cólera santa y una regurgitación furiosa surgida de las entrañas del islam hará temblar las cortinas de los palacios Occidentales, tan vacíos ellos de trascendencia religiosa y tan repletos de esa visión utilitaria y aberrante de la vida propia de los infieles. Ignoro qué estará pasando a estas horas en los centros mismos de la fiebre musulmana, pero los histéricos avisos de los pastores islamistas no auguran más que rostros desencajados; chispas de fuego eterno y griterío furibundo, cuando no sangre derramada de unos cuantos inocentes desprevenidos. Vaya usted a saber. Occidente mira para otro lado y no quiere percatarse de que el Papa de Roma ha señalado crudamente sus contradicciones, su cobardía y su permanente inclinación a todos los relativismos posibles. Sabía muy bien lo que decía. Sabía lo que había de pasar. Y, afortunadamente, no ha hecho más que dar explicaciones y no ofrecer disculpas, por más que el afrancesado Moratinos no lo entienda. Lo ha escrito claramente Roger Garaudy, el converso francés considerado faro y guía de la revolución espiritual islamista española –negador, de entre otras evidencias, del Holocausto–: «Occidente es un accidente. Su cultura, una anomalía».

Hay que entender el islam como algo más que una religión, como un hecho social, como una revolución cultural y militante, dice el pájaro, y por esa vereda debemos comprender la comprensión y/o fascinación que esa disciplina ha sembrado entre seres de procedencia marxista y atea. Lo explica Rosa Rodríguez Magda en su imprescindible libro «La España convertida al islam»: muchos de los conversos procedentes de esos ámbitos ideológicos buscan en el islam una estructura de análisis político, una revisión de la historia y una ética hedonista que recoja las influencias hippies de la contracultura anticapitalista. El occidente que ha sobrevivido a las ideologías totalitarias debe ahora ser vencido por la única civilización que le puede hacer frente. La tesis de Huntington del «choque de civilizaciones» pasa a convertirse, de lleno, en una «sustitución de civilizaciones». La dirección de la humanidad por Occidente ha tocado a su fin, vienen a decir los ideólogos de cabecera de los que hoy están gritando en las calles. Y mientras, ¿a qué se dedica ese Occidente?: a perezosear intelectualmente y a observar con languidez por la ventana la invasión de sus jardines. De ahí el arreón del Papa. Unos cuantos majaderos ignorantes manejan impunemente la tesis de que al-Andalus no fue conquistado por la invasión, sino conseguido mediante la introducción fascinadora y aperturista de un puñado de musulmanes llegados a la península.

En virtud de ello, algunos pensadores insinúan que el ideal hubiera sido el mantenimiento del islam en coexistencia mediterránea con otras tradiciones en lugar de la aborrecible Reconquista que tantos males nos ha traído. Los pocos que contestan a esa memez son señalados crudamente como apologistas del enfrentamiento y el imperialismo. Y ahí afuera siguen gritando que es el día de la bestia, el día de la ira. Habrá, no obstante, quienes no lo quieran oír: todo progresista que se precie desea tener de sí mismo tal imagen atractiva que se entiende esa visión mitificada del pasado y esa negación a aceptar la crudeza de una realidad que en cualquier momento puede pasar de ser un ejercicio intelectual de minorías hedonistas a un golpe sangriento en la convivencia a manos de quienes llegan a Europa –o ya están en ella– con las duras prácticas del radicalismo religioso. Nosotros somos el problema, nuestro permanente complejo de culpa, nuestra irrefrenable tendencia a la autoflagelación, esa que nos hace consideramos culpables de que nos maten. Ahí afuera, ahora mismo, nos están desafiando. Ha tenido que ser el Papa quien nos avise y quien excite el debate. Que no sea tarde.

 

EL PAIS, JUEVES 21 DE SEPTIEMBRE DE 2006

16/ OPINIÓN

Ratzinger, error y diálogo

ANTONIO ELORZA

Lo sucedido con el discurso pronunciado por Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona muestra hasta qué punto la cuestión del diálogo entre las civilizaciones, y por ende entre las religiones, se mueve sobre arenas movedizas. Al tomar la palabra, el Papa tenía como principal intención subrayar, precisamente, el valor de ese "diálogo genuino de culturas y religiones", sin olvidar la crítica a un racionalismo de valor universal que postergase la idea de lo divino. Hasta aquí su toma de posición se acercaba a unos potenciales interlocutores musulmanes. Pero al mismo tiempo aspiraba a subrayar que la manifestación religiosa debía ser incompatible con la violencia, y de este modo pasó muy pronto a criticar frontalmente la yihad. Una inteligente cláusula de cautela le hizo recordar de entrada el versículo 2,256, amparándose en la advertencia coránica de que no ha de existir "ninguna coacción en materia de religión", Como todos ya sabemos, la raíz del conflicto reside en el relato subsiguiente, la conversación del emperador Manuel II Paleólogo con un erudito persa en 1391, donde el primero critica la figura de Mahoma por su mandato de "difundir por la espada la fe que él predicaba". El bizantino manifiesta que la expansión de la fe mediante la violencia es irracional.

Desde una lectura desapasionada, la propuesta papal, formulada sirviéndose del relato, es impecable. La religión con violencia deviene barbarie; la fe se apoya en la razón. Hubiera bastado que retomase la cita inicial del versículo 2,256 del Corán para que el círculo se hubiera cerrado armónicamente. Sólo que Ratzinger se deja llevar del razonamiento del personaje mencionado y sugiere un contraste entre un cristianismo inspirado por el "logos" y un islam sometido a la eventual voluntad arbitraria de Dios. Idealización para el primero, crítica estricta para el segundo. Si a esto añadimos la reproducción de los duros calificativos de Manuel II contra el Profeta, el conflicto resulta inevitable. No hubiese sido inútil recordar que el emperador, por largo tiempo rehén del sultán otomano Bayaceto, tenía su visión del Islam no sólo de los libros, sino de una realidad amenazadora y demasiado visible.

En cualquier caso, la principal objeción al discurso del Papa reside en que una lección de teología histórica no puede en estos momentos desconocer sus implicaciones políticas, entre ellas el desagrado que le podía producir a un Gobierno turco neokemalista una evocación de la memoria histórica de Bizancio. Era como mentar la bicha, sobre todo si se aspiraba a visitar el país a corto plazo.

Lo dicho por Ratzinger es en una parte razonable, en otra discutible, pero el tipo de reacción visceral suscitado, incluidas las palabras del primer ministro turco, Tayyip Erdogan, demuestra que será muy difícil introducir en el programa de la Alianza de Civilizaciones el menor atisbo de crítica, cuando ésta aluda a aspectos concretos del Islam, y por supuesto al más espinoso de todos, la yihad y si en pleno auge del terrorismo islamista, los pensadores musulmanes tienden a enmascarar el tema con los tópicos habituales sobre la yihad como esfuerzo personal o como acto legítimo de resistencia a la opresión exterior, y los externos al Islam se ven forzados a aceptar lo anterior y callar para no levantar protestas, la labor positiva de la Alianza quedará cercenada de antemano.

Diálogo supone aceptar la emisión de las opiniones del otro, aun cuando puedan irritar, y por lo que vemos la exigencia de una actitud reverencial en medios islámicos, contrapunto del recelo, cuando no del desprecio en Occidente, tiene por desembocadura única un callejón sin salida.

En el mundo de hoy existe el riesgo de la formación de una comunidad de creyentes radicalizados, que no acepta o respalda la yihad, y la política internacional de Occidente está haciendo cuanto está en su mano para atraer adhesiones a semejante proyecto de destrucción. Por eso, el establecimiento de contactos entre vértices institucionales, sustentados en comisiones de expertos, es un primer paso necesario, pero no suficiente. Hace falta dar calado al programa de actuaciones, hundirse en el incómodo barro del estudio de las causas de los procesos de radicalización islamista. En los países occidentales, no basta una acción policial eficaz, siendo imprescindible conocer y atender las demandas de socialización de los colectivos musulmanes, sin por ello dar vía libre a la constitución de guetos autárquicos. Apoyo a los musulmanes como ciudadanos con diferente religión y cultura, sí; umma frente a Estado de derecho, no, sería la fórmula.

Los cauces de relación entre intelectuales de las dos religiones siguen siendo pobres, y se limitan a encuentros entre quienes piensan de la misma manera, al amparo de los poderes político y académico, Faltan interlocutores e informaciones que quiebren el círculo vicioso del masoquismo de raíz saidiana (por los epígonos de Edward E. Said), según el cual las responsabilidades son todas de Occidente y el Islam resulta envuelto en una atmósfera de angelización y a modo de complemento sobran soñadores de ocasión, entre ellos intelectuales de primera calidad, los cuales se entregan a sugerir la historia paradisíaca de un Mediterráneo construido sobre la convergencia de las religiones.

A partir de semejantes ensoñaciones, resulta fácil proceder a la designación de interlocutores escasamente fiables. El razonamiento de base para su selección es bien simple: si hay un Islam radical, fuente del terrorismo yihadista, pongamos nuestra confianza en el islamismo moderado, gracias a él, los colectivos musulmanes alcanzarán en el mundo árabe regímenes más justos que las presentes dictaduras y en los países occidentales su hegemonía eliminará el peligro del islamismo radical, volcado hacia la yihad.

El inconveniente es que los nuevos elegidos rechazan ciertamente el terrorismo, se atienen a una visión del mundo presidida por una lectura estricta del Corán y las tradiciones, y si bien aceptan el concepto de modernización, lo hacen para transformarlo desde el interior, cuando no a proceder de forma primaria a su inexorable rechazo. Como en el caso de Tariq Ramadan, pueden propugnar la integración de los creyentes en los marcos jurídico-políticos del Estado de derecho, defender la democracia, sustituir la consideración belicista de Europa como dar al-harb por la de dar as-shahada, tierra de predicación. No es poco. Pero su propósito es la formación de la umma, una comunidad de musulmanes, en principio compatible con el Estado de derecho, aunque con sus propias normas que llegado el caso, previa consulta con los expertos legales propios, prevalece en las conciencias sobre la legislación del Estado. La visceral oposición de Ramadán a la ley prohibitoria del velo mostró su verdadera opción. y otro tanto sucede con sus posiciones sobre la lapidación (moratoria), los homosexuales (fuera de la senda de Dios) o el castigo físico a la mujer dispuesto en el 4,34 del Corán, a administrar con un palito simbólico del árbol siwak. No hay en Ramadán choque de civilizaciones, sino "cara a cara de las civilizaciones", partiendo de la superioridad del Islam. Menos propicio al diálogo es otro proyecto, el de "islamizar la modernidad", del teólogo y político marroquí Abdessalam Yassin, influyente en medios magrebíes en su país y en España. Sólo introduciendo los valores islámicos podrá salvarse una modernidad perversa, Escuchar a tales portavoces está bien; no así creer que pueden ser eficaces interlocutores en un diálogo de religiones y políticas. De momento, sólo en la experiencia desarrollada en Turquía bajo la cautelosa dirección de Tayyip Erdogan puede adivinarse una conciliación efectiva entre islamismo y sociedad abierta.

Quedan, no obstante, caminos abiertos, partiendo de la existencia de un pensamiento islámico reformador, abierto a la democracia, que separa, en la línea de Taha y de Charfi, la concepción teológica del Islam, formulada en La Meca, de su desarrollo histórico posterior. Tal es la clave: el problema no es el Islam, sino su deriva hacia la violencia, que el Papa supo captar, pero fue luego incapaz de desarrollar. Por otra parte, el Islam tampoco es inmóvil: a partir de la indagación llamada ijtihad, de su actualización, puede enlazar con las condiciones de una sociedad abierta. Ahí está el esfuerzo fallido de Jatanú, adelantado por cierto de la idea del Diálogo de Civilizaciones. Sólo que la tarea corresponde aquí a los hoy marginales reformadores musulmanes, con el objeto de abordar una labor de separación entre lo permanente y lo pasajero, la teología y el mito, algo que ya emprendieron otras religiones. Aunque también aquí la realidad es a veces dura, como en esa edición del Corán de bolsillo, avalada por la editorial saudí Darussalam y vendida en Londres, en que dentro del versículo 8,60, allí donde se habla de aterrar (irhab) a los enemigos, la caballería es sustituida por la conveniencia de emplear "tanques, aeroplanos, misiles, artillería". Por una vez, la palabra de Alá no es sagrada literalmente.

Inhábil en las formas, ciego ante lo que podía suceder, el Papa ha sabido, sin embargo, designar cuál es el fondo del problema.

Antonio Elorza es catedrático de Ciencia Política.

 

COLABORACION RECIBIDA HOY 22

ACERCA DEL CAOS MUNDIAL

Estamos en un tiempo de desorden y disolución, en un fin de ciclo donde -está dicho por la práctica totalidad de las tradiciones- el caos predominará cada vez más.

Nos viene a la memoria un texto de Hesíodo perteneciente a Los Trabajos y los Días:

"Zeus destruirá igualmente esta estirpe de hombres de voz articulada, cuando al nacer sean de blancas sienes. El padre no se parecerá a los hijos ni los hijos al padre; el anfitrión no apreciará a su huésped ni el amigo a su amigo y no se querrá al hermano como antes. Despreciarán a sus padres apenas se hagan viejos y les insultarán con duras palabras, cruelmente, sin advertir la vigilancia de los dioses –no podrían dar el sustento debido a sus padres ancianos aquellos [cuya justicia es la violencia–, y unos saquearán las ciudades de los otros]. Ningún reconocimiento habrá para el que cumpla su palabra ni para el justo ni el honrado, sino que tendrán en más consideración al malhechor y al hombre violento. La justicia estará en la fuerza de las manos y no existirá pudor; el malvado tratará de perjudicar al varón más virtuoso con retorcidos discursos y además se valdrá del juramento. La envidia murmuradora, gustosa del mal y repugnante, acompañará a todos los hombres miserables."

Aquellos hombres que idearon el organismo de Naciones Unidas es seguro que no creían que un día un patán (o una serie de patanes) hablaría en aquella tribuna con plena libertad para decir cualquier cosa, incluso ofender al país del suelo que se pisa. Occidente está prisionero y es victima de sus propias instituciones que acogen hoy en su seno a gentes mucho menos respetables que aquellos que las constituyeron y la libertad que estos marcos otorgan se confunde con el dejar hacer, dejar decir, dejar pasar y este laisser-faire se extiende a todo Occidente frente a los integristas islamistas que ya cuentan con ello y conociéndolo como lo conocen le atacan con sus propias armas. A la vez toman nota de las respuestas, y de las no respuestas, así como de la rapidez en las mismas. ¿Será posible que ganen la batalla sin apenas lucha? ¿que Occidente se arrodille, como lo está haciendo, ante unos fanáticos claudicando sin ni siquiera oponer resistencia, sin abrir los ojos a una situación de más en más alarmante y a la que siguen mirando como si no fuera con ellos? Ni respeto, ni justicia, ni libertad ¿En un mundo así cómo se puede vivir?

La falta de libertad y la violencia son dos características del integrismo islamista y las prohibiciones a cualquier expresión humana una norma, por poner sólo un ejemplo una de esas prohibiciones afecta a la música y la danza cuando se sabe que estas han sido para todos los pueblos parte fundamental de su cultura y de su realización al grado que fuere. Desde el refrán que nos recuerda que quien canta su mal espanta a saber que es una invocación a las Musas, al Arte, a la Alegría, a la Vida. Añadir que la música es una de las siete Artes Liberales, las que toda sociedad tradicional ha desarrollado como pilares de su mundo. Al integrismo islamista el Arte no le interesa, la Libertad tampoco. Es más son enemigos declarados de ambos. Haríamos bien en preguntarnos si podríamos vivir en un mundo sin libertad y lo que eso significa.

Para finalizar a día de hoy es dicho integrismo el que amenaza el bien tan preciado de la libertad y no la Inquisición u otra organización cualquiera del pasado.

Un occidental